En el arte de decir me derrotas
pues tengo agarrotada el alma.
En el arte de decir me suspendes
un hilo de distancia para columpiarte,
columpiarte en susurros y besos
que no me das ni me prometes,
como si te estuviera escribiendo
desde el infinito sin esperanza.

Yo te nombro cuando todos duermen
o cuando las estrellas con su luz
conforman la silueta de tu cuerpo
serena entre las nubes y el cielo.
La noche tu nombre clava en mis labios,
labios insaciables de saladas gotas de mar

«Uníos, hermanos proletarios»
escucha al fondo,
con las fuerzas vencidas,
entreabriendo sus ojos,
mirando de soslayo a ver
quién se levanta primero
–el más valiente, el líder obrero
que todo lo pueda-,

Tus largas piernas son como el mar,
pero yo no se nadar,
ni llegar hasta ellas.
¿Para qué?
Sabrás a hembra,

Representación de la poesía