Nocturno

Javi Álvarez
Madrid, 18 de septiembre de 2005

Yo te nombro cuando todos duermen
o cuando las estrellas con su luz
conforman la silueta de tu cuerpo
serena entre las nubes y el cielo.
La noche tu nombre clava en mis labios,
labios insaciables de saladas gotas de mar
que silban perfumadas desde tus cabellos hasta mis manos.

Centro de un círculo
el nombre que te he puesto para poder dibujarte.
Labios de cuarzo me inspiran,
inscritos y encerrados bajo la circunferencia que te rodea,
almidón en tus besos me recuerdan.

Cierro los ojos, suspiro, sueño, te ruego:
ven, dibújame un tetraedro en la frente, amor,
con tus pinceles y tus pinturas,
pon un nido en mi boca para que me alimentes.
Poséeme luego, en un ritual de fuego,
y sacrílegamente arráncame el dolor de la espera.
Clávame tus uñas afiladas,
surca mi cuerpo en una danza trepidante,
haz que mi pecho sean las olas del Mar Rojo ensangrentado;
hunde tus fragatas en la fragancia inerte de mi cuello
y dispara.
Haz que mi pecho sean las olas del Mar Muerto fallecido
y en mi garganta descanse una bala de plata, amor.
Una bala de plata y ya no habrá más espera.

Me consumo, te nombro cuando todos duermen.
Es tu ausencia que me produce nostalgia
de horas que aún nos faltan, de miradas que nunca sobran.
Me consumo, grito que esta noche también me faltas.

Mi cuerpo se agota,
vencido por la certidumbre de tu ausencia,
y te recuerdo lo más hermosa posible.
Es así que los botones de sus senos
abrochan y cierran mis ojos antes de dormir.

Mancha verde