Historias de Perucita

Javi Álvarez
Madrid, 11 de mayo de 2008

I. Érase una vez, en una noche lluviosa, que Perucita se marchó, por una calle angosta y sin apenas iluminar, en busca de su propio lobo.

II. No se llevó una cesta, ni tomó el atajo del bosque para ver a su abuelita. Perucita carga deliberadamente sobre la espalda su angustia infinita.

III. Supongo que Perucita me abandonó porque mi olor corporal le recordaba cada noche que su esperanza de futuro se encontraba encerrada en este dormitorio conmigo.

IV. Perucita me ha escrito una carta muy larga. Me dice que no me preocupe, que ha engordado los dos kilos que yo pensaba que necesitaba.

Por el camino del sur

Javi Álvarez
Madrid, 12 de agosto de 2008

Una sombra Una sombra Una sombra

Por el camino del sur sube un hombre viejo. Arrastra un saco con aparente esfuerzo, ya que cada cincuenta metros el hombre se detiene, mira al cielo y suelta una letanía que desde lo alto de este cerro no puedo discernir. Suelta el saco para limpiarse con suavidad el sudor. Lo hace en un sólo movimiento lento con la derecha. Comienza en el ángulo izquierdo de su frente, desde donde le nace el cabello, hasta debajo de su oreja, donde se mezclan la patilla con su barba irregular de dos días sin afeitar. Terminado el gesto de ocho segundos, restriega su mano contra la pernera del pantalón para secarse. Después escupe y vuelve a agarrar el saco para seguir la senda.

Pienso por un instante en esperarle aquí y preguntarle que guarda. Calculo que aún se detendrá veinte veces más. El tiempo me da para eso e incluso para otros trescientos metros de ascensión más. La curiosidad también. Busco con el catalejo otro objetivo. Cielo, árboles, calor de agosto sin nubes en tierras del sur, silencio; es todo lo que veo antes de volverme hacia él de nuevo.

Según se acerca percibo con claridad los detalles de su rostro. Su mandíbula temblorosa, la línea irregular de su nariz, la mirada de unos ojos vidriosos que ya han visto más de lo que hubiesen deseado... Respira con dificultad, a borbotones, con aspereza, sin pausa. Describe pasos irregulares que se acercan a un zig-zag. Cuando se planta ante mí, toda mi curiosidad se ha trocado en compasión. «¿A dónde va?», le digo y me responde que «a la Nava». «Pues si le parece bien le echo una mano con el bulto». Me mira y sonríe, sin apenas una duda me pasa el saco y después escapa como alma en pena.

La aritmética de la vida

Javi Álvarez
Madrid, 11 de enero de 2012

Sumar, multiplicar, dividir, restar… Se decide al elegir una operación y tomar una postura aritmética con respecto a los demás. Tiempo hay después para álgebras y complicaciones.

A salvo de la justicia

Javi Álvarez
Madrid, 11 de octubre de 2008

Un hombre empuja al otro y echa a correr. El que cae al suelo descubre que el otro le ha robado la cartera, así que desenfunda su pistola y dispara hacia la sombra que huye. El ladrón se ríe al torcer la esquina, pensando que ya nada puede vencerle. Su risa se corta de golpe al ver la bala doblando la esquina.

La actriz

Javi Álvarez
Madrid, 16 de junio de 2008

Tren y tiempo se detuvieron en la estación al unísono. Cansada del viaje, la actriz descendió con sonrisa infinita y los relojes volvieron a caminar.

Epitafio del indolente

Javi Álvarez
Madrid, 2 de julio de 2008

Una sombra Una sombra Una sombra

La muerte pasó tan de largo que me he tumbado aquí para esperarla. Si ves que no te contesto es que estoy descansando.

Derrumbe

Javi Álvarez
Madrid, 12 de septiembre de 2008

Una sombra Una sombra

Hay quien duerme con los ojos abiertos. Yo lo hice anoche, mientras la mina se desplomaba sobre nosotros, para no cerrarlos nunca más.

Pensamientos con sudor

Javi Álvarez
Madrid, 26 de abril de 2008

Arrastro un saco por la vereda de la vida mientras el sol cae a plomo. Al limpiarme el sudor pienso si mañana pesará más.